Una de esas historias alegóricas cuenta que un viajero llega a una ciudad y encuentra a un montón de gente trabajando con piedras, se acerca a uno y le pregunta que hace, «ganarme el jornal» dice el hombre. El viajero se acerca a otro con la misma pregunta y recibe otra respuesta: «labrando piedra», repite el viajero su pregunta a un tercero, «construyo una catedral» responde este.

Así veo yo a los docentes que he conocido, unos simplemente tienen un trabajo, otros dan clases y les gusta y están los constructores de catedrales, eso son los docentes, más bien diría los maestros, a los que hoy me gustaría ofrecer mi homenaje, porque es a esos a los que yo quería entregar mis más preciadas «piedras» para que me ayudaran a crear un edificio maravilloso que yo, como padre, veía en el interior de mis hijos.

Con frecuencia he visto desacuerdos entre docentes y familias, pero esos desacuerdos siempre han sido fruto de una comunicación entre ambos y se han resuelto gracias a esa comunicación y, especialmente, gracias a incluir al alumnado, que es el elemento esencial, en la búsqueda de soluciones.

En otros casos, cuando el docente no era el maestro, he visto que no había desacuerdos, sino simples enfrentamientos inútiles en los que el alumnado ha acabado como arma arrojadiza.

Así que, creo que hoy todos debemos presentar nuestro respeto en primer lugar y nuestro homenaje después, a esos docentes que son maestros y cuyo verdadero homenaje estará para siempre en la memoria de sus alumnos y alumnas y en la impronta que habrán dejado en los adultos que un día fueron niños y niñas que estuvieron a su cargo.

 Francisco Pérez, colaborador de FAPA Galdós, atesora una inmensa experiencia asesorando ampas, fruto de décadas de altruista dedicación a este movimiento de Familias en la Educación.